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En los últimos dos meses la divisa trepó 13% y duplicó a la tasa de inflación, con lo que descontó gran parte del atraso de precios acumulado en 2017.

La decisión del Gobierno de apuntalar el ritmo de crecimiento económico y mejorar las cifras de la cuenta corriente tiene como una variable instrumental la reducción de las tasas de interés en pesos. También un efecto no deseado, pero tolerado, de una inflación más alta que la prevista inicialmente para 2018.

En ese contexto con menores rendimientos en pesos también recobra protagonismo el precio del dólar, fiel de la balanza del intercambio de bienes y servicios con el exterior, que fuera ampliamente deficitaria en 2017.

Una devaluación del peso que acompaña e incluso supera a la inflación no es una salida óptima para mejorar el desempeño económico, pero es obvio que un dólar más alto contribuye a potenciar las exportaciones, poner un límite a importaciones que no son esenciales para la producción local, y también encarece los consumos en el exterior, que significaron un fuerte drenaje de divisas en los últimos años.

Hay un indicador que calcula el Banco Central, el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), que pondera la evolución de las 12 divisas de los principales socios comerciales de la Argentina, entre ellas, el dólar, el euro, el real y el yuan, respecto del peso argentino.

Para definir si el peso está caro (apreciado) o barato respecto de las monedas de estos países, esta referencia del BCRA ubica en valor 100 el tipo de cambio base, del 17 de diciembre de 2015, inmediatamente después de eliminado el "cepo" cambiario. Al cierre de enero de 2018, el ITCRM se situó en 97,32 puntos, es decir menos de tres puntos debajo de aquella devaluación del inicio del gobierno de Macri, lo que refleja una apreciación marginal del tipo de cambio, desde el punto de vista del comercio exterior.

Es decir, que con la última corrida del dólar desde diciembre a hoy, el peso corrigió sustancialmente su apreciación real, mientras que el dólar está menos "atrasado" y, cercano a 20 pesos, mucho más cerca del valor de equilibrio.

Según la consultora Analytica, el tipo de cambio real multilateral está en máximos de la gestión de este Gobierno "si se descuenta la salida del cepo y el overshooting de marzo de 2016", por cuanto "cabe plantearse si es necesario seguir bajando la tasa en este contexto de suba de tarifas".

A comienzos de marzo de 2016 el ITCRM tocó su "techo" de la era Macri, en 107 puntos. Entonces se dio un fuerte repunte del valor del dólar (superó los 16 pesos), como consecuencia del recorte de tasas de interés del BCRA (habían tocado un piso de 30,25% en febrero). La autoridad monetaria se vio obligada a elevar los rendimientos de LEBAC de corto plazo a 38% anual en marzo, por aquella escalada de la divisa de EEUU, en un período de alza inflacionaria por el ajuste de tarifas.

En los últimos dos meses competitividad exclusivamente por precios mejoró más de 10 puntos, desde los 86,20 del 30 de noviembre de 2017. En dicho período el dólar en Argentina subió 13% (de 17,38 a 19,65 pesos en el mercado mayorista), el real brasileño se encareció 15,1% (de 5,37 a 6,18 pesos); el yuan, un 18,6% (de 2,64 a 3,13 pesos), y el euro, un 18,2% (20,64 a 24,39 pesos).

El Central elabora el ITCRM en base a los promedios móviles de los últimos 12 meses en el valor del comercio de manufacturas. Por eso Brasil pondera en el 31% del indicador, seguido por la Eurozona (18%), EEUU (16%) y China (16%).

Además, el BCRA grafica la dinámica puntual con cada uno de estos destinos  a través del Índice de Tipo de Cambio Real Bilateral (ITCRB).

La mejora relativa del tipo de cambio no replicó exactamente la tasa de devaluación del peso porque hay que computar la inflación doméstica, que encareció la producción local un 6% entre diciembre y enero, frente a destinos comerciales donde la carestía de precios está prácticamente erradicada.

La decisión de bajar tasas con una inflación que preocupa por lo elevada tuvo grandes costos. Además de minar la credibilidad del BCRA, alejó a los precios domésticos de cualquier desaceleración. Para febrero los analistas anticipan una inflación superior a 2%, empujada por el sensible rubro alimentos, mientras que las expectativas de inflación para los agentes de mercado se sitúa en un 20% anual para 2018.

Desde un punto de vista estrictamente financiero también significó una suba del riesgo país, el indicador de la banca JP Morgan que mide el diferencial de tasa de los bonos del Tesoro de los EEUU a 10 años con sus pares emergente. Para la Argentina trepó de 347 a 376 puntos básicos desde el 28 de diciembre, cuando se anunció el cambio de metas de inflación.

Como la suba del riesgo país coincidió con una suba de la tasa de los bonos del Tesoro de los EEUU (de 2,34% a 2,85% anual), al nivel más alto desde 2014, si hoy la Argentina saliera a emitir títulos públicos en el mercado internacional estaría obligada a ofrecer un rendimiento de un 6,6% anual en dólares, por encima del 6% licitado el 4 de enero.

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